Mientras paseaba por el jardín del palacio, Sofía se encontró con un pequeño puesto de comida que no había visto antes. El aroma a queso derretido y pan crujiente la atrajo irresistiblemente. El vendedor, un anciano amable, le ofreció un sandwich de queso que parecía hechizado. Al probarlo, Sofía sintió una explosión de sabores y texturas que la hizo cerrar los ojos de placer.