La península que Ucles describe no es geográfica, sino una metáfora poderosa. Las casas vacías no solo son estructuras de madera y piedra abandonadas; son tumbas para historias no contadas, testigos de familias que huyeron en busca de oportunidades laborales en el Madrid de los 60 o en el sur de Francia tras 1940. En estas viviendas, los cuadros colgados en paredes descascaradas y los jarrones rotos narran una España truncada, en la que la industrialización y el nacionalismo franquista sembraron el abandono de comunidades rurales tradicionales.