La economía de la reproducción también transforma el valor. Cuando la imagen se vuelve omnipresente —en memes, publicidad, productos— la conexión emocional con el original cambia: la sonrisa de la Mona Lisa se convierte en un signo versátil, útil para vender cualquier cosa. Eso no es necesariamente negativo: la iconografía accesible puede fomentar interés por el arte. Pero existe el riesgo de trivialización, de que la obra se convierta en un recurso estético sin memoria histórica.