Sin embargo, el término “privacidad” es amplio y fácilmente malinterpretado. Un código de activación que desbloquea funciones premium no transforma la experiencia en una fortaleza impenetrable. AntiTrack reduce la telemetría visible y complica el seguimiento por redes publicitarias, pero no anula otras vías que comprometen información: cuentas enlazadas (Google, Facebook), hábitos de ingreso en servicios, y el rastro que dejamos al usar dispositivos móviles o conexiones públicas. La privacidad real es una práctica múltiple, no un interruptor.